“ME ENFERMÉ POR EMPEZAR EN ESE CUENTO DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL”…

“ME ENFERMÉ POR EMPEZAR EN ESE CUENTO DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL”…

Estando en una oficina, la anterior afirmación dio inicio a la conversación que duró poco menos de dos minutos. Analicé la frase y dije a la persona en la oficina: ¿cómo lo has manejado hasta el momento? Su respuesta: “He guardado silencio, pero me ha hecho daño tengo dolor de espalda y estoy con medicación”.
Entiendo dije, “y es que no debes guardar silencio; debes hablar, el arte está en saberlo decir asertivamente, en respirar profundo, tomar el tiempo para transitar la emoción y luego expresar bien lo que sientes”. Hay formas de hacerlo: escribir, llorar, hablar en otro momento, pero jamás callar lo que sientes; de lo contrario no es inteligencia emocional.
Me dice con tono contundente: “Yo debo decirlo de una vez, como me sale; porque de lo contrario ya se me pasa la emoción y no tiene sentido hablarlo después”.
Con esta frase terminó este tema y cambiamos de conversación.

Tal vez has sentido que te identificas con el personaje de la historia, y has sido víctima de un mal manejo de la inteligencia emocional. Y te cuento que es un arte administrar esta hermosa caja de sentimientos y emociones que el creador nos da. Ese arte se desarrolla con tiempo, paciencia y no empieza en el momento del conflicto, sino antes de que llegue ese suceso que nos descarrila y hace perder el control; sacando lo peor de nuestro carácter o mejor aun revelando lo que hay en él realmente.

Por lo tanto, hay tres momentos determinantes cuando de controlar las emociones se trata:

ANTES:
Decidir: ¿Qué te afecta y qué no te afecta? ¿Cuántas cosas suceden en el día que te afectan emocionalmente y al final del día te das cuenta que no valía la pena gastar tu tiempo en ello?
Identificar: ¿Qué puedo controlar y que no?, te darás cuenta que muchas de las cosas que te preocupan, solo están dentro del plano: “Ilusión del control”, tendremos otro blog para hablar del tema.
Definir estas pautas te permite empezar a ser consciente de tus emociones y no ser secuestrado por ellas.
Ahora el reto sigue cuando estamos…

DURANTE:
Escuché una definición de asertividad que me encantó y es: “la justa medida entre quedarme callado y el explotar por algún evento”.
Y es que es ahí justamente cuando se mide si somos personas que se controlan; cuando hierven las emociones, cuando nos ofenden, cuando nos hieren. Por lo tanto, es decir lo que se debe decir con firmeza y respeto por el otro; sin guardar silencio como lo vimos en la primera historia de este post. Y finalmente…

DESPUÉS:
Recuperar la paz, entender que son momentos y es nuestra decisión si se quedan marcados como una piedra tallada o si solo pasan como una ola en el mar.
La clave es pasar por alto la ofensa, en ocasiones escuchamos el termino: “pasar la hoja”, “cambiar de libro” entre otras; el fin es el mismo, dejar el pasado atrás para seguir enfocados en el futuro.

Una vez ser consciente de tus emociones se vuelve hábito, te darás cuenta que son menos las cosas que nos causan molestia porque vivimos más tranquilos, más agradecidos y más felices